Memoria Con-fluir en lesbiandad 2018

Memoria Con-fluir en lesbiandad 2018

Para contar lo que vivimos en Con-fluir en Lesbiandad no podemos nombrar sólo lo que pasó el día sábado 15 de septiembre de 2018 en Guayaquil. Este primer con-fluir nace por iniciativa de algunas, quienes nos sentimos inconformes y hasta decepcionadas con la forma en que las lesbianas y las colectivas de lesbianas nos hemos venido organizando y encontrando en este tipo de espacios denominados “encuentros”; que obviamente son un reflejo de la forma en la que nos venimos organizando y encontrando en los procesos, en las calles, en la militancia y en la movida lésbica. Sentimos y pensamos que otras formas son posibles y nos arriesgamos a lanzar la propuesta a quienes se sientan auto-convocadas.

Durante unos meses previo al día Jota, Kelly y Dani nos encontramos en espacios virtuales y físicos para intentar des-anudar metodologías, rutas, tiempos e intenciones. Todas somos diversas y es algo que ya hasta suena desgastado pero ¿Cómo articularnos si no sabemos de dónde venimos? ¿Quiénes somos más allá de nuestros nombres y de nuestras marcas? ¿Qué queremos en lo individual y colectivo? ¿Podemos sincerarnos sobre lo que pensamos de la otra en un marco de respeto? ¿Podemos hablar desde nuestras diferencias? ¿Son necesarias tantas preguntas?

Decidimos “con-fluir” porque nos sonaba a agua, a vertientes; son diferentes todas ellas, hacen sus procesos, sus formas, sus remolinos, sus paces y cuando lo desean se juntan y nos ofrecen aún más de todo eso.

El propio día: “CON-FLUIR en Lesbiandad” movilizó a lesbianas que llegaron de Quito, Esmeraldas y Guayaquil, sede del evento; poner la cuerpa en el con-fluir no sólo significó el movimiento de una provincia a otra, la subida y bajada de un bus o un avión; significó movernos de forma autogestionada, pagar cada una por nuestro transporte, alimentación y otros gastos relacionados, sumándose todo ello a una agenda que proponía la autogestión incluso de nuestra energía durante el encuentro. En este con-fluir se pusieron en escena los movimientos individuales y colectivos, los encuentros y desencuentros afectivos y organizativos con el deseo de expresar nuestras propias formas de existir y resistir, que como lesbianas, nos vamos inventamos en el camino.

Nos pensamos desde lo cotidiano y lo político-afectivo. La diversidad de cuerpos e historias, las similitudes y diferencias, el habitar distintos territorios y reconocer sus dinámicas propias brindaron algunas entradas para situar la particularidad de la movida lésbica en algunas partes del país y en nosotras mismas.

Primera Actividad:

Para liberar la cuerpa y generar redes de confianza comenzamos con un baile que permitiera conocer nuestras energías, ritmos y tiempos individuales y colectivos. Buscamos reconocernos, hermanarnos y juntarnos para crear un baile sororo que invitara a compartir nuestros pasos y experiencias.

Segunda Actividad:

Previo al encuentro, se propuso traer un objeto que resguardara un significado simbólico de nuestra lesbiandad con el fin de compartirlo. Durante este momento cada una intervino para presentarse, detallar el valor de nuestro objeto y apostar por el compartir más allá del objeto en sí mismo.

Tercera Actividad:

¿Por qué un con-fluir? ¿ Qué significa para cada una/unx con-fluir? Desde las voces de las presentes:

  • Libre, tejido, cotidiano
  • Generar estrategias
  • Aproximaciones entre historias de vida, realidades problemáticas y afectos
  • Crear nuevas alianzas
  • Urgencia en este momento geopolítico que vivimos
  • Vínculo en las comodidades e incomodidades lesbo-torti-trans feministas
  • Seguir haciendo el camino
  • Cambiar, mutar
  • Fluir, liberar, investigar
  • Alternativa
  • Compartir
  • Fluir como el agua
  • Encontrarnos y discutir dónde y por qué estamos donde estamos y si queremos construir algo juntas: ¿Qué? No lo sabemos
  • Fluir, ser libres
  • Saber qué hacen otras cuerpas
  • Encuentro y reencuentro
  • Fluir de manera conjunta desde los logros, miedos y poderes
  • Crear un espacio seguro
  • Congregarse en complicidad para la búsqueda de sueños, anhelos, retos y reconocernos
  • Necesidad en un entorno hetero-homo-patriarcal de nuestros procesos
  • Apoyo mutuo
  • Juntas, fuerza, unir ideas, proyectar, conectar, conocer, compartir y sobre todo sentir

Cuarta Actividad:

Describimos nuestras experiencias organizativas, las preocupaciones acerca del movimiento LGBTI y también el de mujeres; malestares y confluencias con otras actoras de la movida, así como reflexiones sobre la identidad política “lesbiana”, una palabra que aloja las transmutaciones de nuestras actuancias y juntancias con el deseo de tramar a plazo presente y futuro una movida sostenida, con mayor visibilidad y con voz propia.

Nos escuchamos e intentamos sentir de dónde provenía la otra, la diversidad de experiencias, sensaciones y deseos para trazar algunas vías comunes a través de la pregunta ¿Quién me ayuda? En este sentido, situamos las acciones políticas en algunos espacios como el movimiento LGBTI para reflexionar críticamente acerca de las dinámicas jerárquicas y machistas que reproducen violencia hacia las mujeres lesbianas. Por otro lado, también nos preguntamos acerca de nuestra relación con el término “mujer”, feminismo, la ley de violencia y las luchas que nos competen como mujeres: ¿en esos espacios estamos posicionadas desde las particularidades políticas de ser lesbianas o nos ven como la cuota de orientación sexual? Se mencionó la relación dinámica entre la educación y violencia, los patrones machistas que afectan dichos espacios. Estamos presentes en los procesos coyunturales, sin embargo, el proceso lésbico se diluye toda vez que pasa el tiempo de coyuntura.

Conversamos sobre el hecho de ser nombradas como “conflictivas”, no obstante, decimos que un mejor planteamiento podría evidenciarse con la pregunta: ¿Qué es lo que nos conflictúa como mujeres lesbianas?, y; ¿dónde, en qué puestos, con qué recursos, con que estrategias están las lesbianas presentes en los movimientos LGBT y de mujeres?.

En esta parte centramos la atención en presentarnos y reconocernos en lxs otrxs, gran parte significó reconocer el sentido de generar alianzas a partir de la pregunta (¿Quién me acolita?).

Es necesario plantearnos estrategias que convoquen y consideren a las lesbianas que habitan la periferia, “hay que movernos para vernos”, por ello creemos que es vital descentralizar los debates, encuentros, talleres y otras actividades que se llevan a cabo en la capital del país para hacer posible la participación de las otras: urbanas, rurales, no visibles, migrantes, adultas mayores, con diversidad funcional, campesinas, indígenas, adolescentes, niñas, jóvenes, negras, madres, no-madres, las que son visibles pero no militan. “No queremos hablar por las otras sino motivar a que sean ellas mismas, todas nosotras, quienes asumamos la representatividad de nuestras necesidades e identidades”.

Algunas nombramos el utilitarismo de nuestras presencias, cuerpos, activismos; reconocimos y enunciamos el uso y menosprecio de nuestros activismos y luchas en beneficio de otras organizaciones más fuertes o con mayor estructura y poder, esta enunciación resultó incómoda y dolorosa.

Enunciamos también los silencios como una forma de violencia, ¿por qué no transparentar nuestras incomodidades y cuestionarnos las razones que nos hacen permanecer en silencio? ¿por qué no exteriorizar el hecho de que otras organizaciones, procesos y compañeras activistas no nos resultan agradables, que simplemente no queremos trabajar con ellas?, ¿es necesario ser tan políticamente correctas? De cualquier manera, este no es un llamado al irrespeto o a la unidad-sin-argumentos; no todas las lesbianas, organizaciones de lesbianas, de mujeres y espacios LGBT tienen la intención o la necesidad de trabajar en conjunto, existen duras competencias por recursos, protagonismos, egos y agendas. Quizá por eso a veces sea más fácil decir que “no existe un movimiento lésbico en Ecuador”, falta mucho para esa “sororidad” pero algunas estamos empezando a mirarnos, reconocernos y cuidarnos. Vemos en las diferencias un punto más sensato para la construcción. Queremos mirar y sentir el proceso más allá de las metas y los resultados. El conflicto como tal es una herramienta y nos construye. Si bien es cierto que las lesbianas y los feminismos no son iguales, es importante construir unidad y procesos políticos reconociendo nuestras diferencias. No obstante, nos enfrentamos al reto de autogestionar condiciones mínimas de cuidado para trabajar juntas.

Por último y no menos importante, tocamos algunos puntos acerca de nuestro ser lésbico: “No es lo mismo ser lesbiana, e identificarse como mujer” decía alguna de nuestros compas, quizá son dos puntos aparte que no necesariamente deben coincidir con nuestra posición política y los hechos biológicos que encarnamos en el cuerpo. Unx compañerx trans decía “me siento usurpando el espacio de las lesbianas pero yo mismo me he llamado lesbiana en un momento de mi vida”. Aquí resaltó nuevamente la importancia de pensarnos y reconocernos desde las interseccionalidades denunciando el clasismo y el racismo que nos atraviesa para sostener y habitar la palabra lesbiana.

Coincidimos que es momento de juntar las luchas de las lesbianas, autocuidarnos, repensarnos en la existencia lésbica más allá de la resistencia, la necesidad de articularnos y movernos en presente. El futuro se teje todos los días.

Nos vemos en Esmeraldas para el siguiente ¡Con-fluir en lesbiandad!

Si quieres desde ya recibir más información e involucrarte, inscríbete: https://form.jotformz.com/82450298615663

Saludos,

Jota, Dani, Kelly, Nella, Caye, Shanty, Karen, Raquel, Lía, Mayra, July, Gustavo, Tania, Esti, Isabel, Kathy

Registro fotográfico: Tania Macera, Dani, Kathy

Lo que no estaba en la agenda

Habitar la ciudad de por sí ya es cosa de locas y en eso no hay ciudad que sea la excepción. Guayaquil, por su parte, siempre se esmera por recordarnos que las rejas, guardias, cámaras de vigilancia y otros mecanismos de control están ahí “para cuidarnos”.

Pues hicimos dos intervenciones por demás cotidianas pero lo hicimos en manada lésbica y estas fueron los hechos:

  • Fuimos al almuerzo en un lugar cercano, cuando ya habíamos almorzado y quedaban pocas haciendo el sobremesa, la dueña se acerca y pregunta ¿quién iba a cancelar la cuenta?; esto a pesar de que ya habíamos pagado por la mañana el valor total del almuerzo de todo el grupo.
  • Por la noche algunas nos quedamos para tomar unas cervezas e ir a comer, tomamos dos taxis de una famosa compañía online: un taxi sin novedad, el otro un tremento horror. Al percatarse el chofer de que éramos un grupo de lesbianas puso de manera inmediata música evangélica a muy alto volumen, se le solicitó que baje el volumen y de manera categórica dijo NO. Empezó a gritar y los ánimos ya estaban muy elevados. Se le recitó las políticas de su compañía, nos bajamos apenas se pudo. Pusimos la denuncia pero nunca se sabe si el trámite llegará a algún resultado. Una de las presentes recordó otra mala experiencia con un taxista que incluso la golpeó e intentó matar a una de sus compañeras, nos recordó la importancia de cuidar al grupo.
  • No íbamos a dejar que la noche se la llevara esta mala experiencia, así que fuimos a beber, cantar y bailar en el departamento de una de las compañeras locales; fue divertido.

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