Crónica del 8Marzo Feminista en Guayaquil

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Crónica del 8Marzo Feminista en Guayaquil

Crónica del 8Marzo Feminista en Guayaquil

Eran los últimos días de enero y la pregunta que rondaba nuestras conversaciones era: ¿Qué vamos a hacer para el #8M?

Entre las que estábamos decidimos llamar a la autoconvocatoria para que otras/todas nos sintamos invitadas a soñar y construir una fecha tan significativa. Llegaron las inconformes con la violencia machista, las que habitamos Guayaquil y sembramos rebeldía feminista, las estudiantes y académicas, las que no pertenecían a ninguna organización. Cada una con su propia historia, abandonando el miedo y el silencio. Con ellas y con las mujeres que representan movimientos y organizaciones sociales mantuvimos reuniones, debates y jornadas de trabajo en las que articulamos nuestros sentires y nuestras luchas. Rescatando el poderío de estar juntas.

Indignadas que se utilice el feminismo como plataforma política y que los medios de comunicación invisibilicen la lucha de las mujeres en Ecuador llamando al feminismo una moda o manifestando que ha llegado desde otro lugar decidimos identificarnos como: mujeres feministas, populares, NO partidistas, anti-patriarcales, anti-racistas, anti-heteronormativas, anti-xenofóbicas, anti-capitalistas, anti-imperialistas.

No somos las reinas de belleza hablando de feminismo, no somos los políticos hablando de feminismo, no somos la gran potencia religiosa ni económica interviniendo naciones, no somos el machialcalde, no somos el personaje mediático que usa al feminismo como plataforma, no somos tu evento banal, no somos ni la izquierda ni la derecha…Somos las que incomodan, somos las sobrevivientes de la violencia patriarcal, somos las herederas de las luchas de las mujeres… Somos las mujeres trabajadoras, lesbianas, maricas, negras, mestizas, migrantes, desplazadas, las que tienen diversas discapacidades, estudiantes, profesionales, amas de casa, trabajadoras remuneradas del hogar, madres, hijas, viejas, jóvenes, flacas, gordas, con y sin útero, somos de sectores populares, las precarizadas.

Se acercaba el 8 de Marzo en Guayaquil y sí estábamos furiosas; pero también una alegría contagiosa se apoderaba de nuestras tardes.  Las reuniones para elaborar carteles, consignas y los ritmos de la batucada eran cada vez más intensos. Nuestras cuerpas reclamaban más espacio, nuestras voces juntas querían cantar.

Llegar a la plaza Bertha Ferrín, que hasta esos momentos se llamaba Baquerizo Moreno, y ver tantas mujeres ya reunidas fue emocionante. Iniciamos con la preli de la marcha donde compartimos un espacio de cuidados, reconociéndonos en nuestras múltiples diversidades, calentando la cuerpa y la voz junto a Bárbara Aranda.

El poder de la juntanza entre mujeres, de la furia y de la alegría como revolución y como potencia liberadora contra el sistema patriarcal hizo retumbar a una Guayaquil que será toda feminista.

A pesar de un fuerte resguardo policial que se proponía evitar que ocupáramos toda la avenida, que paráramos en las intersecciones e incluso que entráramos al parque Centenario, nosotras continuamos con nuestra ruta. Nos rea-apropiamos de las plazas Baquerizo Moreno, Centenario y San Francisco. En cada una hicimos memoria porque la lucha feminista no es nueva, lleva años y se ha llevado la vida de muchas de nosotras. Hoy estas plazas llevan el nombre de Bertha Ferrín, Soledad Rodriguez y Gavis Moreno respectivamente. No nos volvamos a olvidar de ellas, que este acto perdure en el tiempo. Que sigamos juntas y juntes ocupando los espacios y llamándolos por su nuevo nombre, el de Ellas, las que lucharon y que hoy honramos su memoria.

Nuestro abrazo final se llevaría a cabo en la plaza Gavis Moreno, sin embargo al ver banderas de partidos políticos (que estaban ahí con la clara intención de usar la fecha para su beneficio en estos días de elecciones seccionales en Ecuador) decidimos quedarnos ocupando la calle. Hubieron distintos actos artísticos e intervenciones donde de manera pública se denunció las múltiples violencias articuladas en un sistema patriarcal que se ejerce dentro de todos los espacios: la música, las universidades, contra las mujeres lesbianas, en las calles, en la cultura, hacia las mujeres racializadas, en la política partidista, en la disminución del presupuesto público para la implementación de la Ley Orgánica para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

Fue en este momento, mientras se realizaba el performance de visibilidad lésbica, en que la fuerza policial no pudo controlar su propia lesbofobia e intentó impedir la intervención. Algunas mujeres en la marcha lograron hacer un cordón de resguardo contra la policía por lo que recibieron toletazos en sus espaldas.

Denunciamos a un gobierno que obliga a mujeres policías a reprimir una marcha que lucha por los derechos de todas las mujeres. Denunciamos la lesbofobia estatal, policial y social. Reclamamos espacios seguros, reclamamos poder amar y gustar de otra mujer sin que nos agredan, reclamamos poder ser visibles sin que la policía, el estado y cualquier individuo se crea tener la autoridad de violentarnos.

Denunciamos las ofertas de “deshomosexualización” que ofrecen curar a las lesbianas como si nuestra decisión de amar y compartirnos con otras mujeres fuera inferior a la heterosexual; denunciamos este y otros mecanismos para castigarnos, excluirnos, marginarnos, y violentarnos a causa de nuestra orientación sexual. Incluso menos salarios, condiciones de trabajo más exigentes, intimidación por parte de jefes y compañeros. Exclusión de nuestras familias, irrespeto por nuestra existencia.

Entre toletazos, gas pimienta, y represión policial que continuó después de la marcha seguimos nuestra juntanza. Nosotras las mujeres lesbianas, las raras, las que tenemos trabajos precarizados, las que nos discriminan en los centros educativos, en el trabajo o en la farmacia, a las que nos niegan acceso a salud pública, las que ocupamos las calles y nos movemos en transporte público, las que no somos influencers ni queremos serlo, nosotras encontramos fuerza, alegría y cuidado en la sororidad, en la lesbiandad.

Hasta aquí la crónica del #8mGuayaquil 2019. Nosotras seguiremos juntándonos, re-activando todos los espacios, proponiendo y sobre todo re-apropiándonos de esta ciudad. Por una Guayaquil que no nos violente, ven: Camina con nosotras.

Texto escrito por Daniela Célleri.

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Un trabajo de cobertura colaborativa realizado por: Tatiana Jiménez, Andrés Loor, Lente Verde, Ana Scatolaro y otrxs cómplices más.

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