Conversatorio: Femicidio y Familias Sobrevivientes

Conversatorio: Femicidio y Familias Sobrevivientes

El 29 de noviembre Fundación Mujer & Mujer formó parte de lxs panelistas del conversatorio: Femicidio y Familias Sobrevivientes en donde nuestra compañera la Ingeniera Jessica Agila explusó «LESBOFOBIA: ¿qué sucede cuando una mujer rompe el mandato heterosexual».

Jessica presentó casos reales sobre la violencia que vivimos las mujeres lesbianas y bisexuales en Ecuador, nuestra compañera argumentó;

«El “ser mujeres“ nos han sido asignados en base a la genitalidad (sexo), sobre esa base se intenta normar nuestro comportamiento respecto al género, es decir en base a lo que se espera de una mujer: que sea delicada, sutil, sumisa, que juegue con muñecas, que siempre esté dentro de casa, que le guste el rosa y los vestidos, el maquillaje, los tacones, la cocina, es decir que sea femenina «

En 2018 Fundación Mujer & Mujer presentó la Investigación sobre condiciones de vida de las mujeres lesbianas y bisexuales en Guayaquil, a partir del interés comunitario, académico y reivindicativo de nuestra organización; este estudio constituye un primer intento de caracterizar a nuestra población y nuestras necesidades.

Este estudio logró alcanzar a 300 mujeres que participaron de forma libre e involucrada en todo el proceso:

  • El grupo estuvo situado entre los 18 y 50 años de edad,
  • Autoidentificadas principalmente como mestizas, negras/afrodescendientes/afroecuatorianas, y montubias,
  • La mayoría de ellas solteras en su estado civil,
  • Habitan viviendas propiedad de sus familias, en arriendo o de sus parejas,
  • Un poco más de la mitad siempre ha vivido en Guayaquil y las demás han migrado por motivos de discriminación, trabajo, estudios y pareja.

En sus relaciones de pareja, el 40.2% de las mujeres entrevistadas manifiestan haber vivido experiencias de violencia, siendo las más recurrentes la apropiación de pertenencias, acoso/celos, golpes y maltrato físico, gritos y amenazas. El 31.8% manifiesta no haber vivido situaciones de violencia, mientras que el 28% prefiere no responder. El vacío experimentado en la frase “prefiero no responder“ se entiende en el contexto de mujeres que nunca se han preguntado si lo que han vivido constituye violencia; por ello, lo callan, lo niegan.

De las mujeres entrevistadas, el 14.7% tiene hijos o hijas, aunque no todos viven con ellas. Más de la mitad desearía tener hijos o hijas utilizando recursos como la  inseminación artificial, adopción o métodos de “inseminación casera“.

En el estudio nos interesaba conocer la relación entre visibilidad y violencia en cada una de las áreas investigadas: relaciones familiares, educación, salud, relaciones laborales, justicia, participación ciudadana y espacios públicos. Se analizaron las respuestas en 3 grados de visibilidad: totalmente visible, parcialmente visible, no visible. Las respuestas sitúan a las mujeres totalmente visibles como las más expuestas a casos de discriminación, exclusión y/o violencia, las parcialmente visibles también en gran medida; sin embargo, más de la mitad de las mujeres que manifestaron no ser visibles también expresaron haber vivido algún tipo de violencia, siendo una constante con indicadores más o menos similares en las 7 áreas de estudio.

Como la jornada de hoy nos ha invitado amablemente el Consejo de la Judicatura, deseamos ahondar en el ámbito de justicia.

A estas mismas mujeres que reportaron haber experimentado algún tipo de discriminación, exclusión y/o violencia se les preguntó si en algún momento denunciaron estos casos. La respuesta: 87.3% de las mujeres entrevistadas para el estudio nunca denunciaron ninguno de los casos de discriminación, exclusión y/o violencia que experimentaron; los principales motivos fueron:

  • “No lo creyeron necesario, 48.1%“,
  • “No creo en la justicia, 20,6%“,
  • “No sabía como hacerlo, 18,3%“,
  • “Sentían temor a represalias, 13%“.

El 50.3% de ellas calificaron al rol del estado frente a la garantía de derechos de las personas LGBTI como: “Regular“. Pero como la gran mayoría no ha realizado denuncias de ningún tipo, indicador es meramente una percepción. La realidad aplicada en casos sin duda es mucho peor.

Como lesbianas feministas entendemos la importancia de las estadísticas sensibles al género, por lo que aplaudimos todo el trabajo de las hermanas y compañeras que –desde el estado y otros espacios- gestionan información estratégica y vigilan las estadísticas aún al interior del monstruo que es el estado; sin embargo es momento de evidenciar la deuda pendiente en el entendimiento de la sujeta mujer indivisible de las diversas identidades que la atraviesan: su raza o etnia, su edad, su condición de discapacidad o no, su situación de movilidad o no, la urbanidad o la ruralidad y también sus condiciones de precarización; también el entendimiento de que la sujeta mujer es indivisible de su orientación sexual, indivisible de su capacidad de decidir sobre sus afectos y sobre todo indivisible de su elección de rebelarse ante la heterosexualidad obligatoria que permea la imagen que tenemos de la sujeta mujer e indiscutiblemente se refleja en leyes, políticas públicas, justicias, presupuestos.

Toda esta expresión de violencia también tiene nombre, la denominamos LESBOFOBIA, como un tipo de violencia específica hacia las mujeres en razón de su orientación sexual o en razón de no cumplir este mandato heterosexual.

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